Las buenas y malas experiencias siempre quedarán marcadas en la vida del niño.
La malas experiencias tienen más poder sobre la personalidad del niño, pues son estas las que dejan mayor secuela tanto sentimental como mental.
Por ejemplo, si una persona sufre de niño un accidente automovilístico, muy probable que cada vez que cruce la calle o vaya en auto se sienta ansioso y temeroso, recordando siempre esa mala experiencia, y tratando siempre de ir con mucha cautela para que no le vuelva a pasar lo mismo. Esto sin duda alguna es consecuencia de un trauma.
Otras experiencias como las violaciones, pueden traer como consecuencia la homosexualidad (no en todos los casos), el desarrollo del sentimiento de odio, rencor y vergüenza hacia su persona. Puede tener una personalidad introvertida y puede desarrollar algún trastorno de la personalidad.
En estos casos el psicólogo debe ayudar a superar estas malas experiencias para que posteriormente el niño pueda tener una vida mental saludable y superar dichos traumas en conjunto con la ayuda familiar.
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